No es fácil establecer el origen real del Póker como juego de cartas. Los distintos países, las distintas historias, las variadas culturas y el orgullo generalizado, hacen que varias sean las posibles raíces de un juego que aunque no sepa de dónde viene, sabe que su destino es seguir creciendo, sin tiempo ni forma.
Una de las teorías sobre sus inicios plantea que nació en China en el siglo I d.C, como una invención del emperador Mu-tsung, quien habría jugado “cartas dominó” con su esposa, en la celebración del nuevo año 969, un juego que él mismo habría desarrollado a partir de las fichas de dominó chinas.
Otra teoría afirma que el póker es un derivado de un juego persa llamado “As Nas”, que utilizaba un mazo especial de 25 cartas y cinco palos y del cual participaban cinco jugadores. El juego egipcio “Granjifa” podría ser otro precedente, sobre todo por sus cartas, según distintas versiones. También se habla del origen del póker en el Poque, un juego de cartas que los franceses llevaron a New Orleans en el siglo V, en el que se apostaba y se hacía alarde de las jugadas, y se habría usado, por primera vez, un mazo con los cuatros palos: tréboles, picas, corazones y diamantes.
En 1834, Jonatham H. Green escribió y detalló las reglas del juego en un libro, constiuyendo la primera referencia escrita de este juego. En 1845, el poker vuelve a ser mencionado en un libro de Hoyle, un abogado inglés fallecido en 1769. Allí, el autor hace referencia a variantes del juego como “póker de fusil”, “póker del cerdo” y otras costumbres arraigadas en ese entonces en el Sur y el Oeste de Estados Unidos.
Más allá de todos sus antecedentes europeos, que tienen el punto máximo con la inclusión del comodín en 1875 como carta salvaje, el desarrollo más consistente del juego se dio en Estados Unidos, donde se extendió a lo largo y a lo ancho del país, concentrando reglas, modalidades y logrando llegar al póker que conocemos hoy en día, con una baraja francesa de 52 cartas, la misma búsqueda de ganar, y el mismo riesgo de trampas.



